Puma no tiene raza
Puma no tiene raza
En lo alto de las montañas vive un puma llamado Kel, famoso por su agilidad y su pelaje brillante que parece estar hecho de sombra y luz de luna. Kel está orgulloso de su herencia: su madre le enseñó que los pumas son equilibrados por naturaleza, fuertes y esenciales para mantener el orden ecológico. Un día, mientras cazaba, Kel notó que algo extraño sucedía en su territorio. Los ciervos y conejos que antaño vagaban por el valle han desaparecido. Los arroyos se habían secado y había un olor amargo en el aire como nunca antes. Confundido, subió para ver mejor. Desde la montaña, Kel vio lo que estaba sucediendo: la gente comenzó a talar árboles en los bosques cercanos y a construir caminos que cortaron su montaña en pedazos. Los coches rugían y el humo llenaba el cielo. Los animales huyeron y sus casas se hicieron cada vez más pequeñas.
Kel bajó al valle y vio un viejo zorro siguiendo los autos. - ¿Que está pasando aquí? Cale preguntó. -Cortaron el bosque para construir la ciudad -respondió el zorro. No entienden que al hacer esto también nos están destruyendo. Kel decidió enojado enfrentarse a la máquina. Con un rugido que resonó por toda la montaña, cargó contra los hombres, tratando de ahuyentarlos. Pero no entienden el lenguaje del puma. En lugar de detenerse, utilizaron ruido y luz para asustarlo y continuaron trabajando. El territorio de Cale se reduce día a día. Su pelaje comenzó a perder brillo y su cuerpo, una vez sano, se volvió demacrado. Sin presas que cazar ni agua para beber, Kel se dio cuenta de que ya no era el puma que antes. Su orgullo de protector desapareció junto con la montaña. Un día, mientras descansaba en una cornisa rocosa, Kel escuchó a un grupo de niños hablando. Dicen que los pumas desaparecieron porque sus casas fueron destruidas. Había algo en sus palabras que sonaba diferente, como si entendiera algo que su rugido no transmitía.
Estos niños, con la ayuda de sus familias, comenzaron a plantar árboles y limpiar la montaña. Enseñaron a otros sobre la importancia de cuidar el hábitat del puma y todos los animales de la zona. Kel observó con cautela, demasiado débil para acercarse, pero un rayo de esperanza aún parpadeaba en sus ojos. Sin embargo, Kel no vivió para ver el bosque reconstruido. Sin embargo, su historia, la historia del “puma mixto”, sigue siendo un recordatorio de lo que perdemos cuando los humanos olvidamos que la naturaleza es nuestra aliada. Lección aprendida: cuando destruimos los hogares de otros seres vivos, también destruimos la conexión con nuestro propio equilibrio que sustenta nuestra vida.
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